Ismael Benito

Soy doctorando en ingeniería y profe associado en @UniBarcelona. Como buen catalán hago cosas, concretamente en @recercaprecaria, @EUiAUniversitat y @cjbcn.

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Europa, el exilio y el “tresmasdós”

Reflexión

3 Febrero, 2015

Pasado uno de los periodos de exámenes más singulares que he vivido; y antes de que nos lancemos, o mejor dicho, justo después de habernos lanzado ya, a un mes de duro trabajo para la campaña Isma i Dani Absolució, de la cual soy “coprotagonista” con Daniel Ayyash, tengo la necesidad de encontrar el hueco espacio-temporal donde relajarme y materializar pensamientos que llevo en el coco desde pasadas unas horas de las campanadas de este 2015.

Hecha la introducción, entremos al trapo: ¿qué paso esa noche? Tocó socializar, cosa que me gusta bastante. En esta ocasión, con compañeros y compañeras con los que empecé la carrera de Física, hace ya unos 5 años. Nos llegamos a juntar una quincena, y la verdad, hemos seguido caminos variados, yo por mi parte me enrolé en esta aventura de hacer otra carrera, algunos han terminado hace poco y han pasado por una etapa complicada de debate interno por cursar un máster o intentar entrar al mercado laboral, con resultados variopintos, y el resto (casi la mitad) están ya cursando másteres por Europa.

Centrándonos en esa mayoría aparente de estudiantes que migran al acabar sus Grados fuera del Estado Español (o dadas las diferencias en las competencias de Universidad, de la propia Cataluña). Migran, para buscar mejores condiciones académicas, económicas, entre otras, fuera del Estado. Recuerdo con claridad los destinos: Suiza, Inglaterra, Suecia y Alemania.

El razonamiento clásico escuchado a la casa (entiéndase la Universidad) es positivo: movilidad internacional en el curriculum vitae, mejora súbita en el nivel de idiomas, entre otros muchos clichés. Todo esto empaquetado con el misticismo popular del Erasmus; no deja sino detrás una imagen desdibujada de la situación real que compartieron conmigo en las pasadas fiestas. Exceptuando dos amigos becados en Oxford y el CERN, toca repasar que condiciones ofrecen países acogedores de cerebros como Suecia o Alemania.

En Alemania el coste de la matrícula es un precio fijo, unas tasas, de unos 300€/año que incluyen servicios universitarios como dos viajes de ida y vuelta al país de origen durante el curso. O Suecia, donde el coste es nulo, el estado provee de una linea de teléfono al estudiante y un carnet de identidad sueco provisional hasta que finalice el estudio. Y mientras, en Cataluña los precios rondan los 4000€/año.

No he mencionado que hemos llegado aquí después del gran y todo poderoso “proceso de Bolonia”. Su máxima fue “la unificación del sistema de educación superior europeo”, repasemos los detalles:

  • En Europa la implantación se ha finalizado con estudios que comprenden 3 años de Grado y 2 años de Máster. Mientras que en el Estado Español con Grados de 4 años y un solo año de máster.
  • Bolonia no contemplaba en principio un aumento de precios del crédito. Un aumento a descaro de los precios universitarios se ha dado en el Estado, y existe una disformidad en los precios del crédito de Grado, y ya no hablemos del Máster.
  • Se ha apostado por un modelo de evaluación continua, un modelo pedagógico centrado en el trabajo diario, el “estudiante es un trabajador de jornada completa”. Sin embargo, de cada 10 profesores universitarios que se jubilan el Estado sólo habilita 1 plaza de funcionario.

Si al final resultará que Bolonia és un nyapfrase recurrente que uso en mis intervenciones en el Claustro Universitario, y que su autoría recae en la misma persona que lo preside, el Rector Didac Ramírez.

Pero, ¿cómo se explica todo este proceso? ¿cómo hemos acabado, aparentemente, en las antípodas de Europa? Siempre lo estuvimos, los actores que gestaron en este Estado el proceso de Bolonia, tenían claro un objetivo: desmantelar, desmantelar, desmantelar, cual Julio Anguita cambiado de bando. Pero es difícil ganar una batalla sin escudos a tu favor, es necesaria una lealtad académica, de agentes reformistas dispuestos a innovar en pos del cambio y creerse el proceso. Es necesaria una reforma que al menos alinee (de forma si se quiere “alienada”) a la mayoría de Rectorados del Estado. Y lo consiguieron.

Se creó un marco, una idea, “es hora de sentarse y reformar la educación superior de este País”. Y se empezó la casa por el tejado, como mínimo eso he podido observar, respirar, oír en pasillos, oler, en las facultades de la UB. Los másteres existían, eran un concepto algo volátil, en palabras técnicas era la correa de transmisión que permitía a un Departamento dado que un knowhow deteminado no se perdiese. Una especialización concreta en un área concreta. No estaban reglamentados por grandes estructuras, y no tenían la responsabilidad de ser parte clave de la educación superior, ¡para eso ya teníamos las licenciaturas!

La prisa apremiaba, las reacciones del movimiento estudiantil y la mediatización del conflicto hicieron que los Másteres EEES salieran del horno bastante crudos, sí antes de los grados, por aquello de que los más viejos se implantan antes. Másteres de 1 año, ¡si es que no había con que llenarlos!, y mientras en Europa se dictan unas lineas concretas: Grado + Master = 5 años. No queda otra, Grado = 4 años para el Estado Español.

Y llegamos a inicios del 2015. El maravilloso Ministerio de Educación, encabezado aún por José Ignacio Wert, trae la gran propuesta, la gran solución: el 3+2. O casi. La ley explícitamente abre la puerta a que las universidades puedan configurar sus grados de 180 a 240 créditos (3-4 años), y sus másteres entre 60 y 120 créditos (1-2 años). Entre. No se declina, ni se moja, tampoco puede, las competencias están ligadas a las comunidades autónomas. El re-nyap.

El re-nyap, con un matiz, la estafa. Una estafa económica, el precio de una carrera universitaria (Grado + Máster) en Cataluña pasaría a elevarse a unos 15000€, lo que supone un aumento del  20% respecto al sistema actual, un  100% respecto a los precios 2010-2011 y casi de un 300% respecto el precio de una licenciatura. Una estafa democrática, las licenciaturas ofrecían, y los grados ofrecen, un control democrático estricto en la existencia del Consejo de Estudios, y un acceso garantizado a expensas de las PAU (Proves d’Accés a la Universitat); sin embargo, los másteres no ofrecen dicho control y son regidos por una comisión sin garantías democráticas, que gobierna sobre el acceso al mismo. Y una estafa académica, pues como he comentado en el punto anterior, dada la construcción material de los másteres en este Estado, y dadas las condiciones precarias y en decadencia de la universidad pública, es poco alentador pensar que se podrá dotar la universidad de mecanismos para regenerar la casa, todo lleva a pensar en desempolvar viejos planes de estudios de dicotomía Diplomatura-Llicenciatura, para escribir: Grado-Máster.

Sin más, y acabado la reflexión, una previsible lucha “en contra del 3+2” no puede quedar en el olvido, no puede ser la simple negación del hecho, el NO como campaña por defecto; como no olvidemos, la ley LOMCE. Existe un elemento crucial, y son los tejados, ahora la pelota estará en el tejado de las Comunidades Autónomas, el Gobierno prácticamente ha aprobado la ley y sería una estupidez estamparse contra un muro a día de hoy infranqueable. Ese elemento hegemónico, esa bandera son las propias universidades como estructura. El debate, la discusión, el punto donde hay que hacer reaparecer al movimiento estudiantil, movilizando y concienciando a pié de facultad sólo servirá para colarse en ese debate, esas tensiones Rectorados-Comunidad, donde nuestra posición tiene que ser fuerte: hoy no hay estafa. Y a partir de aquí, no negar nunca la posibilidad de ser participes en reconstruir lo que Bolonia nos arrebató.

  

Ismael Benito Altamirano.
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